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Cántico al estro Empty Cántico al estro

Vie Jul 30, 2021 2:53 pm
¡Ah, tiempo desde que la partida sucedida aconteció, desde la fuerte caída al mundo terrenal, ha pasado para el estro y el éxtasis!


Frente a un hombre, bajo la caída del astro rey, se avivan las tintas de negro espesor. Los ojos, oh, de inconfundible éxtasis,  manifiestan la ira que en una ocasión no fue sino amor. Ahora, en clara voz, honda, que es recibida por las brisas, ah, se expanden los deseos de el amante.
¡Ah, oh: he ahí la grata fortuna de su ser, que, seducido por su exitoso éxtasis, para sí mismo, en la soledad más acompañante, reclama a sus manos el desaparecer, al cuerpo rehacer y al alma olvidar las penurias!
Respiro ligero. Sonrisa melancólica.

Se advierte en la mirada un fogonazo.

Presto acaecer. ¡Risa incontrolable!

Brazos se agitan. Cabello despeinado se remueve sin aflicción.

¡Bienvenido, oh, estro honesto! ¿Qué nuevas traes al cuerpo que lánguido y obtuso abandonó rezarte para centrar sus placeres en las pasiones tangibles?

Cuerpo se alza. Ojos se vuelven púrpuras. La brisa conforma junto con la vespertina caída del astro rey sublime espectáculo.

He olvidado el sabor de la tinta. No recuerdo en cuál medida se agitan los estandartes del estro. Me deleito, ¡al fin!, mirando los astros, y rugen, y en estruendoso tambor cándido me han proporcionado la fortuna de ser dichoso con el rayo que sólo aterra a los insensibles, aquel que acontece y acompaña el desánimo convirtiéndolo en arma arrojadiza.

Al abrirse el cielo en dos, enormes estelas y planetas se agitan; entre ellas un pedazo de cristal roto mas magnánimo —sin ninguna decoración— no se mueve sino se posa enfrente del hombre.

Entonces el hombre no se espanta de su reflejo. El cristal le observa y analiza.  De pronto explota la imagen y caen sobre él los últimos trozos de su existencia. Temprano y rápido los astros más se conmueven y le otorgan más rayos, más preciadas dádivas. Desaparece físicamente.

—¡Estribillo!—
¡Ah, alza, reivindica, oh, hombre honesto, de encomiable vivir, las gracias de la existencia y la fortuna de levantarse sobre todo lo volátil y sentir de nuevo el aullido del rayo y los candores del temblor estelar!


Es agitación. Es espasmo de ojos brillantes. Son los dientes carcomiéndose entre sí. Es la mano elevada, que sostiene una corona de flores. ¡Es ave sin pico y brisa sin respiro! Es rápida respiración. Resiste. Aguarda el buen destino. Es negro placer; es tintado romance.

—¡Estribillo!—
¡Ah, alza, reivindica, oh, hombre honesto, de encomiable vivir, las gracias de la existencia y la fortuna de levantarse sobre todo lo volátil y sentir de nuevo el aullido del rayo y los candores del temblor estelar!


Se siente sin ser. Es sin sentirse. Acaricia el fuerte respiro, respiro sin agotamiento. Agonía, ¡ah!, fue no haber desaparecido. Marcha en invisible pasar. Los caminos no aparecen: siempre ha sido el miedo de todo hombre. Perdido no se encuentra: feliz, sin embargo, embriaga sus manos de nuevo al sentirse.
¡Ha renacido, ha vuelto! Ofrenda humana. ¡Éxtasis y estro, oh, reaparecen de la neblina que el mal amar induce!
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